6 de septiembre de 2021

Afganistán: los daños colaterales que afligen a Estados Unidos y la OTAN

"la invasión de Afganistán no solo generó consecuencias negativas para el pueblo afgano, también para Estados Unidos y la OTAN"

Manuel Alejandro Rayran Cortés

Docente de relaciones internacionales de FIGRI – Magister en Ciencias Políticas orientadas a las relaciones internacionales con especialidad en Diplomacia y Resolución de Conflictos de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica.

@ManuelRayranC | manuel.rayran@uexternado.edu.co


Luego de los ataques a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, el entonces Secretario General de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Lord Robertson, daba a conocer a Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, que, por primera vez desde la fundación de la OTAN en 1949, invocaban el artículo 5 con el que los países miembros de esta organización militar mostraban su solidaridad con Estados Unidos y condenaban los ataques terroristas contra ese país.

Fue así como el 4 de octubre de ese mismo año, la OTAN acordó con Estados Unidos ocho medidas de apoyo y realizó dos operaciones antiterroristas: Eagle Assist y Active Endeavour. Ahora, después de veinte años de la invasión a Afganistán, con un resultado nada favorecedor para Washington, sus aliados y el propio pueblo afgano; el panorama político de 2001 al de la actualidad es claramente diferente. Hoy, Estados Unidos no goza del liderazgo y la supremacía política, militar y económica del mundo de inicio del siglo XXI; así como también la unidad de los países occidental que se evidenció al inicio de la intervención en Afganistán parece ya no ser la misma con el retiro.

El hendimiento de occidente

OTAN

El plazo y la forma como se llevó a cabo la salida de los soldados estadounidenses y sus aliados del territorio afgano, acordado entre Trump-Biden y los talibanes, sumó un inconformismo más a los ya presentados años atrás al interior* de la OTAN. Boris Johnson, Ángela Merkel y Emmanuel Macron se sintieron relegados en esta decisión tan relevante para los países occidentales y se tuvieron que acomodar a la decisión que Washington tomó sin consultar.

Al interior de la OTAN, el secretario de Defensa de Reino Unido, Ben Wallace, intentó formar una coalición de Estados que estuvieran dispuestos a mantenerse en Afganistán. No obstante, los franceses y alemanes no estaban realmente interesados con la propuesta y son escépticos con la seriedad del primer ministro británico, Boris Johnson. Es así como la decisión unilateral de Biden y las molestias entre Europa continental con Londres llevó a que Macron abrazara con mayor determinación la propuesta de Ángela Merkel de construir una política de seguridad y defensa que apunte a una “autonomía estratégica” en relación con Washington.

Reino Unido

En la actual situación de Afganistán, el primer ministro británico Boris Johnson quiso jugar un rol destacado porque se ha visto obligado a demostrar que sus decisiones le permitirán a Reino Unido vivir una nueva era Isabelina. Sin embargo, la realidad de los hechos evidencia otro escenario. Reino Unido se ha quedado sin el apoyo de sus aliados históricos: Estados Unidos y Europa. El presidente Biden no considera a Johnson un actor relevante como sí lo hacia Trump, y Europa no confía en él por su decisión de retirar a su país de la Unión Europea.

Además, la estrategia de seguridad y defensa que Johnson presentó en marzo de este año propone un ambicioso y costoso programa de rearme militar, pero no especifica para qué, ni cómo lo logrará. Por último, las divisiones políticas al interior del Reino Unido se han agudizado. Escocia hace cada vez más el esfuerzo para independizarse y el pueblo británico se ha visto severamente golpeado por la salida del Reino Unido de la Unión Europea, pues han tenido problemas de abastecimiento de alimentos y de trabajadores.

Estados Unidos

Ahora bien, si en Londres llueve, en Washington no escampa. La estrepitosa salida de los soldados estadounidenses de Afganistán azuzó de nuevo las divisiones políticas internas. Los republicanos se han dedicado a culpar a Biden de lo sucedido durante las últimas semanas con el fin de ocultar también la responsabilidad que Donald Trump tuvo con la actual situación de Afganistán.

Sumado a lo anterior, el impulso concertado de no permitirle a Biden gobernar, las propuestas legales para quitar los derechos electorales a algunas minorías para acomodar las votaciones y así asegurar el poder, y el fortalecimiento de las falsas teorías conspirativas de una elección robada, han conducido a que la Casa Blanca no pueda concentrarse de manera clara y unificada en los asuntos exteriores. De esta manera, la fragmentación política antes mencionada robustece la idea que Estados Unidos ya no es confiable para conducir temas de la vida internacional.

En suma, la invasión de Afganistán no solo generó consecuencias negativas para el pueblo afgano, también para Estados Unidos y la OTAN. Muestra de esto fue que las divisiones en el seno de la OTAN se avivaron por la toma de decisiones no concertadas; así como también se atizó la polarización política al interior de los países. Ahora bien, los desafíos y el panorama político que se evidencian para el futuro de la OTAN, Francia y Alemania no son para nada alentadores. En el caso de la organización militar, el otro año se elige Secretario General y Reino Unido ya está promoviendo a Theresa May, propuesta que tal vez a Washington, Berlín y Paris no les guste mucho. Por último, en los casos de Francia y Alemania, en los próximos meses estas dos naciones se enfrentan a una situación decisiva, pues tienen elecciones y preocupa el fuerte auge de las fuerzas políticas de extrema derecha, populistas y nacionalistas que cada vez más ganan terreno en el campo electoral.


* Los roces entre Estados Unidos y Europa al interior de la OTAN durante los últimos años se centran en las exigencias que el ex presidente Trump durante su mandato hizo sobre sus socios europeos para que aportaran el 2% de su PIB a la organización militar. La presión del mandatario republicano fue tal que incluso pensó en exigirle a los países aliados de la OTAN que cubrieran los costos de mantenimiento de las bases militares donde se encontraban soldados estadounidenses, más una prima del 50%, propuesta que se conoció como “Coste más 50”. Las anteriores presiones de Trump atizaron la segunda crisis interna de la OTAN que gira alrededor de crear acciones conjuntas para buscar una mayor independencia militar de Estados Unidos a través de una estrategia que apunte a la “autonomía estratégica”.


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