26 de octubre de 2020

Agridulce aniversario para las Naciones Unidas

Paula Ruiz hace un balance de los logros que ha conseguido la Organización de las Naciones Unidas en sus 75 años de existencia, de los retos que enfrenta actualmente y de las reformas que son necesarias para que recobre en el futuro próximo el papel protagónico que tiene en la gobernanza internacional.

Paula Ruiz

Directora de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales.

Candidata a doctor por la Universidad Externado de Colombia y la Universidad de São Paulo, magíster en derecho y relaciones internacionales y especialista en cooperación internacional.

@PaulaXRuizC | paula.ruiz@uexternado.edu.co


El 24 de octubre de 1945 entró en funcionamiento la Organización de Naciones Unidas (ONU) que, a la fecha, cuenta con 193 Estados miembros. A pesar de los cuestionamientos que hoy ponen en duda su existencia, la ONU sigue siendo tan necesaria para la cooperación, el desarrollo y la negociación internacional como lo fue hace 75 años. Sin embargo, hoy más que nunca, necesita reforzar su gobernanza e implementar mecanismos más eficientes, que garanticen la participación de actores no estatales, que cuentan con mayor capacidad de actuación y de influencia para movilizar ideas y recursos para la solución de problemas conjuntos.

¿Qué es la ONU?

La ONU es una organización internacional (OI) creada por los Estados por medio de un tratado internacional, en este caso la Carta de las Naciones Unidas, la cual, consagra sus propósitos, objetivos y funciones. Adicionalmente, las OI deben contar para su funcionamiento con órganos propios y permanentes para mantener cierto grado de independencia de los Estados que le dieron forma o, en otras palabras, para que puedan funcionar de manera eficaz.

En el año de 1949 la Corte Internacional de Justicia le otorga personalidad jurídica a las OI, es decir son reconocidas como sujetos de derecho internacional. La Opinión Consultiva Reparations for injuries Suffered in the Service of the United Nations señala que estas poseen derechos y deberes internacionales, aunque al mismo tiempo aclara que estos no serán equiparables a los de los Estados y, en pocas palabras, argumenta que no se están sentando las bases para la creación de un “super-Estado”. Esta opinión consultiva le brinda herramientas jurídicas a las OI para hacer valer sus derechos mediante reclamaciones internacionales.

La ONU es una organización de tipo universal que cuenta con diversos órganos subsidiarios, así como fondos y programas que, según el mandato que sus miembros les deleguen, ejercerán funciones especializadas. La de las Naciones Unidas ha sido desde sus inicios una organización formuladora de políticas, es decir, que opera mediante “la adopción de resoluciones y recomendaciones dirigidas a sus miembros, y depende totalmente de éstos para la adopción complementaria de su política” (Sorensen, 2012, p. 109).

Por lo cual, siguiendo la línea de Hurd (2011), podría decirse que la ONU puede ser percibida desde los tres siguientes puntos de vista:

  • En primer lugar, como actor que cuenta con reconocimiento mundial con capacidad de actuación que ejerce influencia para determinar, negociar y adelantar acciones en algunos temas de la agenda internacional. Por ejemplo, en la movilización de agendas globales para el desarrollo, la de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000-2015) y hoy Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015-2030).
  • Segundo, un espacio o foro de discusión, en el que se reúnen sus miembros para discutir problemas en común y tratar de conciliar sus intereses. Una mirada un poco más superficial, pero de suma importancia dado que, en efecto, logra reunir a todos los países alrededor de una amplia gama de temas.
  • Por último, la ONU es un recurso político que los Estados más poderosos (léase los cinco miembros permanentes de Consejo de Seguridad) utilizan para movilizar sus interés y objetivos. Una visión instrumental, pero que también refleja parte de la crisis de legitimidad por la que atraviesa actualmente.

Entre reformas poco sustanciales

Desde el momento de su creación, la Carta de las Naciones Unidas solamente ha tenido tres reformas (1963, 1965 y 1973). Estas han impactado cuatro artículos, tres de ellos relacionados con el incremento de Estados miembros dentro de algunos órganos permanentes, y uno relativo a cuestiones de procedimiento y votación en el Consejo de Seguridad.

No obstante, puede existir un consenso generalizado acerca de que, 75 años después, la organización no puede seguir siendo manejada por la misma carta de 1945 que, sin ir más lejos, ni siquiera ha hecho los ajustes más relevantes que reflejan las transformaciones más significativas en los cambios de las estructuras del sistema internacional.

En su artículo 23, la carta señala que el Consejo de Seguridad se compondrá de quince miembros, cinco permanentes y diez no permanentes. Los miembros permanentes son: “La República de China, Francia, la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América”; los dos primeros corresponden hoy en día a la República Popular China (1949) y la Federación de Rusia (1991).

Lo anterior, es una muestra de que la decisión de reformar el Capítulo V de la carta, que contempla el funcionamiento y potestades del Consejo de Seguridad, es más una cuestión política que de forma. De darse esa posibilidad, podría abrirse una caja de Pandora que perjudicaría los tan bien preservados privilegios de estos cinco miembros.

No hay que dejar de lado que el siglo XXI ha sido testigo del auge de polos de poder a nivel regional que reclaman una mayor representatividad a nivel geográfico y, por ende, un asiento dentro del Consejo de Seguridad como miembros permanentes. Es el caso de Alemania, India, Brasil y Japón conocidos como el G4. Sin embargo, es una batalla que pareciera diluirse en discusiones eternas, que dividen incluso a las propias regiones a las que estos países pertenecen y en las que pareciera haber más divisiones que consensos por encontrar un digno representante regional.

El futuro que queremos

Con cada vez mayor frecuencia, hay individuos que, a través de las redes sociales y desde distintas orillas ideológicas y lugares geográficos, cuestionan y ponen en duda la actuación e incluso la misma existencia de la ONU; este tipo de percepciones, que se fortalecen ante las decisiones caprichosas de los Estados, la debilitan.

En esta línea, hay dos ejemplos recientes llevados a cabo por la administración de Donald Trump: el primero fue la retirada definitiva de Estados Unidos de la UNESCO; y el segundo, la decisión de este mismo gobernante de retirar su apoyo financiero a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en plena pandemia, una muestra de lo utilitarista que puede resultar ser la organización para los Estados con mayor capacidad de acción, recursos e influencia en el sistema.

Tres parecieran ser las opciones con las que cuenta esta organización que clama por mayor atención y recursos financieros de parte de sus Estados miembros: o se reforma sustancialmente, o se termina o se fortalece. Al parecer, es esta última opción por la cuál ha optado el Secretario General António Guterres. Desde su llegada en 2017, Guterres ha buscado encaminar su gestión hacia tres pilares: desarrollo, gestión y paz y seguridad.

En cuanto al desarrollo enfocado al cumplimiento de la Agenda 2030 que establece los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se estableció un Marco de Cooperación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible (2019). Dicho marco busca armonizar respuestas colectivas y establecer alianzas con los Estados para la implementación de instrumentos de respuesta ágil y coherentes con las prioridades de cada país.

El segundo, hacer más eficaces los mandatos de la ONU en el terreno, simplificar los procesos y mejorar la toma de decisión. En cuanto al tercer eje, mejorar las operaciones de mantenimiento de paz, así como las misiones políticas especiales.

Como eje transversal y como mecanismo para fortalecer estos propósitos, en enero de 2020 se lanzó la campaña El mundo necesita solidaridad #ONU75, que tiene como objetivo definir las prioridades mundiales más allá del 2020 y que busca además generar una masiva participación ciudadana. Sin embargo, este tipo de iniciativas, que promueven la participación, deben acompañarse de verdaderos compromisos políticos por parte de los Estados, dado que son estos los responsables de darle o de quitarle fuerza a las acciones que desde la ONU se promueven.

Finalmente, no se debe olvidar que muchos de los retos que enfrentamos no son los de 1945, en los que sólo importaban los Estados. En 2020 se requiere de la cooperación con otros agentes que claman por ser oídos, pero también por ser tenidos en cuenta para encontrar soluciones conjuntas.

La ONU necesita gestionar mejor los recursos con los que cuenta, así como diversificar sus fuentes de financiación, algo que puede lograr de la mano de los Estados menos poderosos, pero que son mayoría dentro de la organización, y con el apoyo del sector privado o de la filantropía.

Así mismo, necesita implementar formas innovadoras para hacerle frente a las diversas problemáticas a las que se enfrenta, construir nuevas ideas y postulados que pueden provenir de la ciudadanía, de las organizaciones de la sociedad civil, de las organizaciones no gubernamentales.

Y todo esto es necesario porque, sin duda, para construir el futuro que queremos, hay que empezar por mejorar nuestro presente.

Referencias:
  • Hurd, I. (2011). International Organizationes: Politics, Law, Practice. Cambridge University Press.
  • Organización de Naciones Unidas (1945). Carta de Naciones Unidas. https://www.un.org/es/charter-united-nations/
  • Sorensen, M. (2012), Manual de Derecho Internacional Público (13.ª Ed.). Fondo de Cultura Económica.

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