30 de abril de 2021

El genocidio armenio, Turquía y Biden: ¿un cálculo geopolítico?

El reconocimiento de Joe Biden del genocidio armenio cometido por el Imperio otomano es un hecho políticamente muy importante, pero que no busca necesariamente hacer justicia histórica.

María Teresa Aya Smitmans

Coordinadora de la Maestría en Asuntos Internacionales

Profesora e investigadora de la Escuela de Relaciones Internacionales de FIGRI

@ayateresa | maria.aya@uexternado.edu.co


El 24 de abril se conmemora el Domingo Rojo, el día en que el gobierno otomano arrestó a más de 250 líderes intelectuales armenios y los desapareció o mató. Este hecho fue parte de una guerra en la que cerca de 1.500.000 armenios —el 75% de la población total del momento— murieron o fueron deportados por los turcos. Desde entonces, los armenios buscan el reconocimiento internacional de lo que llaman el Genocidio Armenio.

Más de 100 años después, el anuncio del presidente Biden de reconocer este genocidio tiene tanto de largo como de ancho.

¿Es un reconocimiento tardío de un hecho histórico o un mensaje al presidente Erdogan en Turquía?

Después de la caída del Imperio Otomano y del final de la Primera Guerra Mundial, Turquía surge en el sistema internacional como un estado laico y se mantiene como tal hasta la llegada de Erdogan al poder en 2003.

Durante ese tiempo, el país fue un aliado importante de Estados Unidos y Europa. Su posición geográfica lo convirtió en un “Estado tapón”, un país situado entre dos rivales, que reduce el riesgo de un enfrentamiento entre ellos.

Cabe anotar que el ser Estado tapón no lo convierte en un estado neutral: Turquía se alineó desde finales de la Segunda Guerra con Occidente y entró a la OTAN en 1951. De este modo, se convirtió en un socio estratégico para la seguridad de Estados Unidos y Europa Occidental.

La cercanía de Turquía con Occidente a lo largo del siglo XX hizo que Estados Unidos mirara hacia otro lado cuando se hablaba de lo ocurrido con los armenios en 1915; sin embargo, el presidente Biden anunció esta semana que piensa reconocer ese episodio histórico como genocidio.

¿Un reconocimiento tardío?

Los armenios llevan más de un siglo pidiendo que se reconozca el genocidio, en especial, por parte de Washington. No obstante, con excepción del presidente Reagan —quien habló del genocidio de los armenios en un discurso sobre víctimas del holocausto en 1981— los presidentes de Estados Unidos han preferido usar palabras tales como masacre, atrocidades, aniquilación, asesinatos masivos… todos ellos eufemismos.

De este modo, evitan situaciones que puedan comprometer la relación entre Ankara y Washington; una relación a veces forzada, a veces tensa, pero siempre presente a través de la OTAN y los temas de seguridad.

Ahora, Biden reconoce el genocidio.

¿Por qué ahora?

La relación privilegiada entre Turquía y Estados Unidos pasa por un momento difícil.

Desde la llegada al poder del presidente Erdogan, este abrió la puerta a un gobierno menos laico, con una visión del mundo autoritaria. Además de retar a Occidente, Erdogan pretende rescatar la grandeza pasada de Turquía y posicionar su país y, por extensión, a él mismo como líderes globales.

Su gobierno apoya grupos islámicos en Siria y mantiene una relación pragmática con Putin en Rusia, país al que le compró misiles antiaéreos en 2019; este hecho generó una fuerte protesta por parte de la OTAN. Esto, a pesar de que Rusia reconoce el genocidio de los armenios. Más aún, Erdogan coincide con Putin en su visión de que la OTAN es una barrera a su visión de mundo y sus intereses regionales, y no a un aliado.

Biden, al reconocer el genocidio armenio, está tomando una decisión correcta desde la perspectiva histórica y humanitaria. Sin embargo, desde la política, es más una acción estratégica dirigida a Erdogan: Turquía ya no tiene el valor estratégico que tuvo durante la Guerra Fría y tampoco es el aliado forzoso e inevitable de Estados Unidos en la región.

Es un cálculo geopolítico.


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