6 de febrero de 2020

El Plan Trump de paz en Palestina

El profesor Pío García, especialista en el pensamiento y la geopolítica de Asia y miembro de la Escuela de RR.II. de FIGRI, analiza el plan del presidente Trump para Israel y Palestina, y evalúa la posibilidad de que ponga fin a un conflicto de varias décadas.

Pío García

Doctor en filosofía y especialista en el pensamiento y la geopolítica de Asia.

Profesor e Investigador de la Escuela de Relaciones Internacionales – FIGRI

pio.garcia@uexternado.edu.co

El pasado 28 de enero, el presidente Trump presentó su proyecto de paz Plan para la prosperidad: una visión para mejorar el nivel de vida de palestinos e israelíes, que contempla el reconocimiento del Estado de Palestina en un lapso de 4 años, siempre y cuando ese gobierno cumpla las condiciones estipuladas por los autores del mismo. La ceremonia en la Casa Blanca estuvo presidida por el presidente estadounidense y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y contó con la presencia de los embajadores de Omán, Bahrein y Emiratos Árabes. No hubo invitado alguno palestino.

Esta vez, fue presentado el plan completo, que consta de dos partes: el componente político y el económico. Este último ya había sido anunciado en julio de 2019. En ese entonces se anunció la creación de un fondo de US $ 50.000 millones, administrados por un banco multilateral de desarrollo, para ejecutar obras de infraestructura y proyectos productivos. Los recursos provendrían de los países árabes e inversionistas particulares; del monto total, US $ 26.000 millones se otorgarían en préstamos, de los cuales la mitad constituiría recursos no retornables y la otra mitad se convertiría en inversión privada. El 60 % ese monto se invertiría en los territorios palestinos, y el 40 % en los países limítrofes: Egipto, Jordania y Líbano. Entre los proyectos, está considerado un corredor vial entre Cisjordania y Gaza -separadas al día de hoy-, plantas eléctricas, mejoramiento de hospitales y los puertos palestinos, actualización de datos de propiedad raíz y una nueva universidad.

El texto del proyecto sostiene que con estos recursos se crearían más de un millón de empleos, con más participación de la mujer, se duplicaría el PIB palestino y la pobreza y mortalidad infantil entre esa población mermaría a la mitad.

El componente político les promete a los palestinos en un lapso de 4 años un Estado autónomo con capital en las afueras de Jerusalén oriental, siempre y cuando cumplan cuatro requisitos:

  1. Poner en marcha un sistema de gobierno basado en la ley, con garantías a la libertad de prensa, elecciones libres y transparentes, respeto de los derechos humanos, libertad religiosa y protección de las minorías religiosas, con un sistema legal independiente que asegure los derechos contractuales, el debido proceso y las condenas justas.
  2. Crear un sistema financiero transparente, fiable e independiente, vinculado al mercado internacional regido por las democracias occidentales, con gobernanza suficiente para prevenir la corrupción, asegurar el uso apropiado de los fondos y proteger las inversiones. El Estado palestino debe, asimismo, llenar los requisitos de ingreso al FMI.
  3. Cambiar los programas educativos y los textos escolares que incitan o promuevan el odio o el antagonismo hacia los vecinos o que incentiven y premien la violencia.
  4. Garantizar la presencia de las autoridades civiles en todo el territorio y desarmar a la población.

El Plan fue rechazado de inmediato por el gobierno palestino y la Liga Árabe, conformada por 22 países. El presidente palestino Mahmoud Abbas se negó a recibir copia del documento y más bien rompió relaciones con Estados Unidos e Israel. La mayoría de los gobiernos alrededor del mundo han preferido guardar prudente silencio. Es probable que el asunto no entre en el debate internacional por ahora, debido a la atención puesta en China y la lucha contra el coronavirus de Wuhan.

El rechazo palestino y de varios países árabes no es una simple terquedad. Se entiende su posición por la forma directa como el Plan pretende eliminar los derechos palestinos consagrados en las resoluciones de la ONU, que son derechos amparados por la comunidad internacional. Desde 1948, en más de 700 resoluciones de la Asamblea General y más de 100 resoluciones del Consejo de Seguridad se han estipulado los siguientes derechos al pueblo palestino:

  1. Derecho a la autodeterminación como Estado independiente, comprendido por las áreas de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental;
  2. Los asentamientos israelíes en esas zonas son ilegales;
  3. La anexión de Jesuralén Oriental es ilegal;
  4. Israel tiene la obligación de devolver todos los territorios ocupados durante la Guerra de Seis Días, en 1967;
  5. Los Estados en la región tienen el derecho a contar con fronteras seguras y reconocidas, empezando por el Estado palestino.
  6. Los refugiados palestinos que huyeron durante el conflicto tienen el derecho de regresar al territorio o a recibir compensación.

De todo este conjunto de decisiones multilaterales y, por lo tanto, reconocidas por la comunidad internacional, el Plan Trump solo admite el acceso a la calidad de Estado. Y ese es uno de los logros mayores que hasta ahora ha conquistado el pueblo palestino. Palestina participa como Estado observador no miembro de la ONU desde 2012 y su calidad de Estado independiente es declarada por 138 de los 193 miembros de la ONU, incluida Colombia.

Las falencias del documento de 180 páginas son protuberantes por lo menos por cuatro motivos. En primer lugar, se trata de un proyecto que desconoce de manera absoluta el abc de la resolución de los conflictos internacionales y la razón de ser de la institucionalidad multilateral. Los responsables de la solución de los conflictos son las partes involucradas, con el acompañamiento, apoyo y mediación de las organizaciones regionales y multilaterales, o países amigos, acordados por las partes para cumplir esa misión. Las entidades para dirimir las contiendas en última instancia son la Corte Internacional de la Haya, en diferencias territoriales, y el Consejo de Seguridad para los demás casos. Apegado al estilo arrogante del presidente estadounidense, su plan es un conjunto de medidas unilaterales que pretende imponer al pueblo palestino a la fuerza. Fue elaborado por el equipo de Jared Kushner -el yerno, asesor de Trump y con negocios de finca raíz en Israel-, el negociador Jason Greenblatt, la subdirectora de seguridad Dina Powell y el embajador ante Israel David Friedman. En ningún momento consultaron a Palestina ni tuvieron en cuenta sus reivindicaciones históricas.

En segundo lugar y en relación directa con lo anterior, el Plan está sesgado por completo para favorecer los intereses israelíes. Más aún, parece una componenda entre ambos gobiernos para aislar más a la población palestina y reducir su existencia a una mínima expresión. Ello es así porque legitima la ocupación de más de la mitad del territorio de Cisjordania, colonizado a lo largo de décadas por zonas residenciales y de producción, conectadas entre sí por una red moderna de vías, donde los pobladores palestinos han quedado dispersos en guetos. A esta ocupación ilegal se añade la aceptación de la soberanía israelí sobre la totalidad de Jerusalén, ciudad que tiene un status internacional para la ONU.

En tercer lugar, el componente económico más parece un espejismo que un plan viable. Establece un monto de recursos virtuales por parte de donantes anónimos, a quienes no se ha consultado sobre la disponibilidad de esas colocaciones y su voluntad de donar o invertir en territorio palestino. Es bastante delirante este procedimiento de hacer cuentas alegres con el dinero de los demás.

En cuarto lugar, el tipo de Estado previsto indica un remedo de esta figura, por cuanto quedaría reducido a menos del 10 % que comprendía Palestina antes del Plan de participación de la ONU, en 1947, y porque, al contrario de los demás Estados del orden internacional moderno, carecería de fuerzas militares propias. Sería un Estado desarmado, sin capacidad de defensa propia. Dependería de la seguridad israelí enteramente.

En quinto lugar, las condiciones que el Plan le pone al pueblo palestino son una serie de medidas que nada tienen que ver con los criterios requeridos para dictaminar sobre la soberanía nacional. A ninguno de los Estados independientes que surgieron después de la segunda Guerra mundial la ONU le exigió tener un determinado tipo de organización política u orientación económica. Tampoco le fue ordenado a los Estados que se independizaron al disolverse la Unión Soviética, ni a los que afloraron de la antigua Yugoeslavia. Condiciones políticas y económicas que no cumplen ni los aliados árabes de Estados Unidos, empezando por Arabia Saudí.

Respaldar los intereses de Israel es una consigna de Trump y su familia desde la campaña presidencial y han ido cumpliendo al pie de la letra. Todo indica que terminar de someter a los palestinos no es sino uno de los objetivos de los Trump, inserto en un plan geopolítico más ambicioso de asegurar el dominio israelí sobre el occidente de Asia.

No de otra manera se entiende que Netanyahu haya sido el primer mandatario recibido por Donald Trump, tras llegar a la Casa Blanca, en enero de 2017. En diciembre de ese año, decidió, contra la voluntad de la comunidad internacional, reconocer la soberanía israelí de Jerusalén y ordenó el traslado la embajada estadounidense a esa ciudad. En agosto de 2018, suspendió los aportes estadounidenses a UNRWA, la agencia de la ONU que, desde 1949, ofrece asistencia humanitaria a los refugiados palestinos dentro de su territorio y en Jordania, Líbano y Siria. En marzo de 2018, reconoció, contra la oposición de los otros 14 miembros del Consejo de Seguridad, como territorio israelí los Altos del Golán, arrebatados a Siria, durante la guerra de 1967. Y como si lo anterior fuera poco, en enero de 2020 ordenó el asesinato del general Kassem Soleimaní, el segundo funcionario con más poder en Irán.

Así, eliminada la resistencia palestina y aplacados los rivales regionales, la administración Trump parece seguir un muy bien confeccionado libreto que ha de poner a Israel en el puesto de rector de los asuntos del Asia occidental.


2 Respuestas a “El Plan Trump de paz en Palestina”

  1. Francisco Eduardo Mejía Lema dice:

    Indudablemente, no ha cambiado nada el escenario y se sigue imponiendo el paradigma cultural Anglosajona-Estaudinence-Isrraeli. Gracias sor la información Pio. FEMejía Lema.

  2. Jorge Eliécer Noval Cañón dice:

    Gracias por su visión de las cosas, artículos como estos hacen que comprendamos aún más las cosas que suceden a nuestro alrededor y podamos tener un juicio o conciencia critica.
    Seguiré consultando sus artículos que me parecen excelentes.

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