28 de octubre de 2021

¿G20 un revés para la COP26, a pesar del “catastrófico aumento” de 2,7 grados?

Nunca antes habíamos enfrentado una crisis como la actual. Jamás el funcionamiento del planeta se había visto en una situación tan aguda y urgente.

Martha Isabel Gómez Lee

PhD en estudios políticos de la Universidad Externado de Colombia, con beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico (Daad) en la Universidad Libre de Berlín.

Docente investigadora del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales (Cipe) de la Facultad de Finanzas Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

martha.gomez@uexternado.edu.co


Estamos a pocos días de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima, COP 26, la reunión más crítica de cambio climático en la historia, que se celebrará en Glasgow del 1 al 12 de noviembre con miras a adoptar planes climáticos nacionales más ambiciosos que los del Acuerdo de París y poner en marcha políticas y acciones concretas con el objetivo de limitar la temperatura global a 1,5 grados centígrados. Sin embargo, las autoridades políticas de la ONU señalan que la que tiene la oportunidad crucial es la Cumbre del G20 que se celebrará en Roma los días 30 y 31 de octubre.

La ONU, esta semana, ha avisado de que el mundo se sigue “encaminando hacia una catástrofe climática”. Reitera que el “el futuro de la humanidad depende de mantener el aumento de la temperatura global en 1,5 grados″ (Noticias ONU, 26 de octubre de 2021). Esto acorde con lo que ha advertido el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su nombre en inglés) , órgano de las Naciones Unidas encargado de evaluar los conocimientos científicos relativos al cambio climático y que, por lo mismo, actúa como autoridad epistémica de la gobernanza global del clima. En la COP 26 se decide si es ahora o nunca, antes de que sea demasiado tarde (Gómez Lee, 2021).

Este martes el presidente de la 76ª sesión de la Asamblea General de la ONU, Abdulla Shahid reconoció que el desafío del cambio climático no conoce fronteras y tienen un alcance global y es precisamente para este tipo de retos para los que se diseñó una institución como las Naciones Unidas. Sin embargo, al igual que Antonio Guterres, secretario general de la ONU, no identifican a la COP 26 como un momento crítico para emprender el rumbo correcto, sino a la próxima cumbre del G-20, que se celebrará un día antes en Roma.

En este contexto, se argumenta que el G20 no debería decidir el futuro de la humanidad, pues esta tarea le corresponde a la ONU. Como señala Shaid “Al igual que el mundo recurrió a la ONU para evitar futuras guerras mundiales, para conciliar las diferencias, para recuperarse de las cenizas de aquel oscuro periodo, ahora recurren a nosotros para armonizar nuestra relación con la naturaleza” (Noticias ONU, 26 de octubre de 2021b).

Este argumento aboga por que sea la ONU la que marque el rumbo correcto para la humanidad y no el G-20. Máxime cuando en esta semana la agencia del medio ambiente de Naciones Unidas (PNUMA) presentó un informe del que se desprende que las naciones en su conjunto deben duplicar sus promesas de recorte de las emisiones de gases de efecto invernadero para esta década. “Si no reducimos las emisiones actuales a la mitad, el mundo asistirá a un peligroso aumento de la temperatura global de al menos 2,7°C este siglo, advierte el nuevo informe de ONU Medio Ambiente, que asegura que “la calefacción está encendida” y pide que “el mundo despierte ante el peligro al que nos enfrentamos como especie” (Noticias ONU, 26 de octubre de 2021b).

Como los programas actuales de los gobiernos conducen a un calentamiento de 2,7 grados, la ONU enmienda los planes climáticos de los países que en la COP 26 deben duplicar sus objetivos para evitar la “catástrofe”. Asimismo, hay que tomar medidas en la recuperación por la pandemia, en la que menos del 20% del gasto global es realmente verde (Planelles, 26 de octubre de 2021).

Alrededor de 120 países han actualizado durante el último año sus planes. Los nuevos programas implican que las emisiones se reducirán un 7,5% más de lo que se habían comprometido los países un año antes. Sin embargo, se necesita una disminución de entre el 22% y el 50% más de lo que se han fijado las naciones en su conjunto para 2030, según el informe del PNUMA. (Planelles, 26 de octubre de 2021)

El secretario general de la ONU aseguró este martes que “todos los países tienen que darse cuenta de que el viejo modelo de desarrollo basado en la quema de combustibles es una sentencia de muerte para sus economías y para nuestro planeta” (Noticias ONU, 26 de octubre de 2021).

Se requiere cambiar las subvenciones de los combustibles fósiles a las energías renovables y gravar la contaminación. Antonio Guterres señala que “Tenemos que poner un precio al carbono y canalizarlo hacia infraestructuras y empleos resistentes. Y tenemos que eliminar el carbón, para 2030 en los países de la OCDE y para 2040 en el resto de los países. Los gobiernos están acordando cada vez más dejar de financiar el carbón; ahora las finanzas privadas tienen que hacer lo mismo, urgentemente” (Noticias ONU, 26 de octubre de 2021).

Lo grave es que los ministros del G20, que se reunieron en Nápoles (Italia) del 23 al 25 de julio, no llegaron a un acuerdo sobre la eliminación del carbón y el objetivo de 1,5 grados, que ahora tendrán que discutirse en la cumbre del G20 que se celebrará en Roma el 30 y 31 de octubre, justo un día antes de que comience la COP 26 ¿Van a llegar a ese acuerdo en los próximos días en Roma?

Se desea que en esta oportunidad los debates trasciendan los intereses de las naciones más industrializadas que dominan ahora el panorama internacional. La crisis climática pone de manifiesto las insuficiencias del modelo de gobernanza económica global. Lo que está en juego es el diseño de un nuevo sistema y la necesidad de darle prioridad a ese diseño en la agenda internacional.

En ese nuevo diseño, se le debe reconocer mayor autoridad al IPCC establecido en 1988 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Los dirigentes políticos deben tener en cuenta en la toma de decisiones, las evaluaciones científicas periódicas del cambio climático, sus implicaciones y riesgos, y y las estrategias de adaptación y mitigación propuestas por esta autoridad epistémica, que tiene 195 Estados Miembros. Funciona de la siguiente manera: “miles de personas de todo el mundo contribuyen a la labor del IPCC. En el caso de los informes de evaluación, los científicos del IPCC ofrecen voluntariamente su tiempo para evaluar los miles de artículos científicos que se publican cada año con el fin de elaborar un resumen exhaustivo de lo que se sabe sobre los factores que impulsan el cambio climático, sus impactos y futuros riesgos, y sobre la forma de reducir dichos riesgos mediante la adaptación y la mitigación” (IPCC, 9 de agosto de 2021, p, 4).

Un claro signo de que los tiempos y la distribución del poder y la autoridad en la gobernanza global tienen que cambiar es que las últimas proyecciones del IPCC indican que “con un calentamiento global de 1,5 °C, se producirá un aumento de las olas de calor, se alargarán las estaciones cálidas y se acortarán las estaciones frías; mientras que con un calentamiento global de 2 °C los episodios de calor extremo alcanzarían con mayor frecuencia umbrales de tolerancia críticos para la agricultura y la salud” (IPCC, 9 de agosto de 2021, p.1).

Según este informe del Grupo de Trabajo I, que supone la primera entrega del Sexto Informe de Evaluación (IE6) del IPCC, que se completará en 2022:

(…) los científicos están observando cambios en el clima de la Tierra en todas las regiones y en el sistema climático en su conjunto. Muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, sino en cientos de miles de años, y algunos de los cambios que ya se están produciendo, como el aumento continuo del nivel del mar, no se podrán revertir hasta dentro de varios siglos o milenios.

Sin embargo, una reducción sustancial y sostenida de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y de otros gases de efecto invernadero permitiría limitar el cambio climático. Aunque las mejoras en la calidad del aire serían rápidas, podrían pasar entre 20 y 30 años hasta que las temperaturas mundiales se estabilizasen. (IPCC, 9 de agosto de 2021, p.1)

Todos los continentes se ven afectados por las consecuencias del cambio climático y los fenómenos extremos. El IPCC indica que en las próximas décadas los cambios climáticos aumentarán en todas las regiones. En el continente asiático, “las condiciones meteorológicas extremas y los impactos del cambio climático en Asia durante el año pasado causaron el fallecimiento de miles de personas, el desplazamiento de millones y provocaron costes por un valor de cientos de miles de millones de dólares, además de causar un gran daño a las infraestructuras y a los ecosistemas” (Noticias ONU, 26 de octubre de 2021c).

En África el calentamiento global aumentará la escasez de alimentos y destruirá sus glaciares, “se estima que hasta 118 millones de personas extremadamente pobres estarán expuestas a la sequía, las inundaciones y el calor extremo en África en 2030 debido al calentamiento global, que solo en la región subsahariana reducirá en un 3% el productor interior bruto” (Noticias ONU, 19 de octubre de 2021).

En América Latina y el Caribe el IPCC 2021 ha advertido que: la base de la ciencia física dice que las temperaturas en la región han aumentado más que el promedio mundial y es probable que continúen haciéndolo. La OMM presentó un informe en agosto pasado sobre los impactos del cambio climático y el clima extremo en esta región. Este reporte señala que es una de las regiones más desafiadas por eventos hidrometeorológicos extremos. Así lo demostró en 2020, y la intensa sequía y la inusual temporada de incendios en la región del Pantanal de Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina y la muerte y devastación de los huracanes Eta e Iota en Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, entre otros. “Los impactos notables incluyeron escasez de agua y energía, pérdidas agrícolas, desplazamiento y salud y seguridad comprometidas, todos los desafíos agravados de la pandemia de covid-19” (EL Tiempo, 17 de agosto 2021).

América del Norte y Europa cuando se producen fenómenos extremos, como los que vimos en julio de este año, son muy difícil de enfrentar. Así lo demostraron las devastadoras inundaciones sufridas en Europa occidental en julio pasado y las temperaturas récord registradas ese mes en Estados Unidos, Canadá y Finlandia. Mientras las fuertes lluvias ahogaban a Alemania y Bélgica, en Estados Unidos se presentaban graves incendios (France 24, 17 de julio de 2021).

Nunca antes habíamos enfrentado una crisis como la actual. Jamás el funcionamiento del planeta se había visto en una situación tan aguda y urgente. El IPCC señaló en agosto pasado que “Si queremos estabilizar el clima será necesario reducir de forma sustancial, rápida y sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero para finalmente lograr cero emisiones netas de CO2” (IPCC, 9 de agosto de 2021, p.1). En las próximas dos semanas se decide el futuro de la humanidad, que solo es viable con el objetivo de 1,5 en el que no se han puesto de acuerdo las naciones más industrializadas que conforman el G-20 ¿Quién marcará nuestro rumbo, las autoridades epistémicas y políticas de la ONU o el poder económico del G-20?

Referencias bibliográficas


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