28 de mayo de 2020

La oportunidad de replanteamiento táctico del sistema deportivo internacional en épocas de la COVID-19

Catalina Melendro nos invita a aprovechar la pausa en los eventos deportivos, impuesta por la COVID-19, para interiorizar los principios de la buena gobernanza en las entidades que administran el deporte.

Catalina Melendro Blanco

Profesora del seminario Diplomacia Deportiva de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales.

Magister en ética e integridad deportiva. Consultora internacional en temas de género y gobernanza deportiva.

| catalina.melendro@uexternado.edu.co

Siempre he sentido que, como humanos, solemos pensar “que todo pasado fue mejor”. Solo basta alejarnos un poco de los hechos sucedidos para que nuestra memoria se dibuje con un pincel de positivismo mayor a la realidad. Así, pensar en el ayer, después de 2 meses de confinamiento con un futuro incierto y para muchos angustiante, equivale a recordar un pasado al que todos añoramos regresar. No obstante, cuando tratamos de desatarnos de este sentimiento de añoranza tan humano, podemos ver y analizar que este pasado tan anhelado no es tan maravilloso como nuestra memoria trata de dibujarlo.

Y ahora, ¿qué sucede con nuestros sueños de volver a ver a nuestros equipos e ídolos deportivos jugando y compitiendo? Si nuestro futuro del día a día parece incierto y oscuro, el futuro del deporte y de su desarrollo social parece aún más sombrío.Me permito afirmar que todos los fans de los deportes más populares a nivel mundial están en vilo a la espera de que las autoridades deportivas internacionales y nacionales analicen y determinen su continuidad o las adaptaciones que se deberán realizar.

Así, al igual que cuando analizamos nuestro devenir individual, cuando analizamos el devenir deportivo, todos saltaríamos a afirmar que añoramos poder disfrutar ver nuevamente la final del Roland Garros, reunirnos con amigos para apoyar nuestros equipos favoritos en la Champions y hacerle fuerza a todos los escarabajos colombianos compitiendo en las grandes vueltas ciclísticas europeas. No obstante, reitero, este ejercicio de añoranza, que se erige de la forma más natural en situaciones de cambio e incertidumbre como la que vivimos en la actualidad, es realmente una reacción instintiva y es la respuesta natural al vernos enfrentados a cambios abruptos.

Pero volvamos ahora a ese primer sentir. Volvamos a posicionarnos en este pasado cuando todo lo que veíamos y escuchábamos en noticieros acerca de la COVID-19 nos sonaba ajeno, lejano y casi irreal. ¿Era realmente la situación del sistema deportivo internacional tan multicolor como lo añoramos? ¿Debemos extrañar volver en el tiempo para situarnos en situación pre-pandemia? Personalmente, mi respuesta desde un análisis individual y colectivo de la sociedad es “No”. Un “no” fuerte y marcado. Un ¡No! que nos invite por el contrario a analizarnos desde otra mirada diferente a nuestra primera corazonada y sentir natural de añoranza de volver al pasado, a la cotidianidad y a la “normalidad”.

En este sentido, y regresando a lo que muchas veces nos ha permitido como conjunto de humanidad sobrevivir y adaptarnos a los cambios y rupturas constantes que nos hemos encontrado en nuestro devenir social desde tiempos prehistóricos, la invitación es a incluir en la ecuación un análisis racional, basado en hechos, estadísticas, argumentos y estudios para que se conviertan en nuestras herramientas para proyectar luz y poder esclarecer las sombras que vemos ante este futuro incierto.

Así, lo más importante que debemos rescatar en este análisis de racionalidad es que nuestro pasado no era perfecto, y aunque nuestra realidad no es la mejor tampoco, nos permite replantearnos en un lugar diferente al cual hubiésemos seguido por la inercia misma de la vida. Ahora estamos en un lugar que nos enfrenta a retos que antes no teníamos pero que, al mismo tiempo, nos abre la oportunidad de repensar soluciones o alternativas que no tenían cabida (política/corporativa) o tiempo de ser analizadas anteriormente.

¿Tiene la COVID-19 al borde del knock out al deporte internacional?

La pandemia ha impactado al deporte global como quizás nunca lo ha hecho ninguna guerra, porque más allá de la cancelación de los Juegos Olímpicos, que ya ha acontecido en nuestra historia reciente —como sucedió en 1940 y 1944 cuando los Juegos Olímpicos se cancelaron durante la Segunda Guerra Mundial— lo que sucede ahora es que estamos en un estado de coma. No estamos muertos, pero estamos en pausa con el angustioso afán de mantenernos de pie, de no caer a la lona, aunque nuestro adversario nos siga dando fugazmente golpes certeros.

Estamos intentando sobrevivir, aguantar otro round más. Todas las partes interesadas del deporte, llámese deportistas, equipos profesionales, federaciones nacionales, medios de comunicación, ligas deportivas, comités olímpicos, clubes, académicos, patrocinadores, gobiernos y espectadores buscan vislumbrar soluciones para el día a día de la práctica deportiva, para la reapertura de los estadios o para el pago de los salarios de los jugadores. Así estamos hoy, recurriendo a reuniones de ZOOM para realizar entrenamientos colectivos, organizando webinars para vislumbrar propuestas de expertos que, al ser preguntados por algún aspecto positivo de esta crisis deportiva global, enuncian tristemente que quizás lo único positivo es que algunos deportistas lesionados tendrán tiempo de recuperarse para cuando se retome la “normalidad” de las competencias.

Aquí estamos, parados desde otros ángulos, observando desde otras miradas. Y sí, algunos podrán decir que la incertidumbre y el panorama no pinta nada bien para el deporte, y menos para el deporte de equipos y los partidos de masas, pero aquí es también donde podemos posicionarnos desde el análisis de las crisis a otros niveles y pensar las acciones y las estrategias de innovación que han caracterizado a la economía global durante el despegar de cada crisis que hemos vivido.

El economista austriaco Joseph Schumpeter denominaba estas situaciones de crisis e inflexión para el resurgimiento económico como “la destrucción creadora”, en términos económicos que conjugaban poesía. Además, es aquí el lugar donde propongo que nos ubiquemos conceptual y analíticamente. Es innegable que la gobernanza deportiva atraviesa momentos oscuros y difíciles, nadie puede negarlo, pero añorar el regreso a la situación pasada, además de romántico, resulta sin ningún tipo de sentido práctico ni evolutivo.

Preguntémonos mejor ¿qué problemas nos estaban aquejando?, ¿qué oportunidades podemos replantearnos? Aprovechemos esta situación para proyectar soluciones, respuestas y propuestas a las falencias que vienen aquejando a nuestro sistema deportivo global actual, permitamos el sano cuestionamiento, invitemos a la cooperación global de ideas. Aprovechemos esta pausa obligada para fortalecernos, hagamos de este giro en nuestro devenir, que nos ha impuesto la COVID-19, una oportunidad de replantear el modelo actual de deporte que, sabemos, viene cojeando desde hace varios años. Un modelo que está siendo aquejado y atacado tanto por amenazas externas como internas, tales como el amaño de los partidos, el dopaje, el sexismo, la homofobia, la transfobia, la corrupción, la violación de los derechos de los deportistas y, sobre todo, la falta de transparencia que afecta la base estructural del sistema: su legitimidad.

La Buena Gobernanza Deportiva ya se viene “fogueando” en diversos espacios

Desde hace casi dos décadas, académicos, centros de pensamiento, gobiernos nacionales, federaciones deportivas nacionales e internacionales y alianzas supranacionales vienen impulsando la creación de principios e indicadores de Buena Gobernanza, que sienten lineamientos para defender al sistema deportivo global de las amenazas surgidas por su mismo devenir y fortalezcan así la legitimación de su desarrollo.

Es de recalcar cómo gobiernos como el australiano, el canadiense y el británico, así como algunas Federaciones deportivas internacionales, han comenzado a dar pasos y realizado reformas que buscan obtener mejorías estructurales en los principios de la buena gobernanza, tales como la creación de procesos democráticos, la transparencia de la información, la generación de controles internos y los estímulos a la solidaridad de las entidades deportivas.

Estos principios de buena gobernanza buscan estructurar y guiar la manera de tener el mejor modelo de gobernanza para las organizaciones deportivas y conducirlas así por un mejor camino para que atletas, clubes, comités, patrocinadores y fans puedan ver y sentir un espectáculo deportivo incluyente, justo e inspirador. Paralelamente, diversos actores han trabajado en este marco por avanzar y dar línea técnica hacia definir, implementar y medir la buena gobernanza deportiva. Por ejemplo, el COI estableció desde hace ya 12 años los Principios Básicos de Buena Gobernanza (PBBG), la Organización Danesa “Play the Game” creó en 2015 la Herramienta de Buena Gobernanza del Deporte Nacional (National Sport Governance Observer) y se creó en Europa, en 2015, una organización de Apoyo a la Implementación de la Buena Gobernanza en el Deporte (Support the Implementation of Good Governance in Sport -SIGGS).

Así, las propuestas, las ideas y las herramientas destinadas a guiar a las entidades deportivas para cumplir con su autorregulación, y responder así a la libertad y especificidad que les ha otorgado el sistema internacional al desarrollo y devenir del deporte, están ya sobre la mesa.

La Buena Gobernanza Deportiva debe alistarse para tomar la titularidad en el campo de juego

No obstante, en el mundo previo a la pandemia que vivenciamos, avanzar en términos de buena gobernanza resultaba para muchos dirigentes y estructuras deportivas ajeno al desarrollo tradicional, ajeno a la visión y comprensión de las lógicas que se han construido históricamente o simplemente ajenas a las prioridades cotidianas del mundo deportivo.

Para otras voces, los principios de buena gobernanza deportivos resultan incluso abstractos frente al pragmatismo que pide el día a día, o también subrayan que están basados en un universalismo que no tiene en cuenta las particularidades de tamaño, capacidad y cultura que constituyen al sistema deportivo. Eso es también verdad y no podemos dejarlo fuera de vista, pero ello no debe ser un freno a la atención que debemos darle a entender e implementar cambios hacia la buena gobernanza; por el contrario, debe ser un acelerador mayor. Debemos ser conscientes de las limitaciones y hacer ejercicios analíticos y de contenido particular para poder contextualizar los avances y ejemplos de buena gobernanza que hay en el paisaje deportivo internacional para así adaptarlos a nuestras diversas realidades.

Así, vemos en nuestro mirar al pasado reciente que el mundo del deporte no para nunca y que, adicionalmente, el crecimiento del deporte de élite es el que pone el ritmo de la fiesta permanente. Por eso, aunque queramos seguir yendo a fiestas disco, terminamos en after parties de electrónica. Vivimos en un ritmo incesante que ha hecho que perdamos a veces el norte y, consigo, la razón de ser del deporte, el porqué de lo que jugamos y el para quiénes organizamos el espectáculo.

De esta forma, y aunque mucho de este quehacer sigue vivo, la invitación con la que vengo es a que veamos en este giro que nos ha impuesto el confinamiento una oportunidad de mejora, un tiempo extra para poder organizar internamente las estructuras deportivas, para que se erijan como entes transparentes a la ciudadanía, que respondan a las necesidades sociales, que promuevan el deporte femenino en equidad e igualdad y que interioricen genuinamente las nociones de buena gobernanza.

Las imágenes que acompañan esta entrada son de elaboración propia de la autora.

Referencias


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