5 de febrero de 2021

Los tártaros de Crimea: una nación resiliente

The Crimean Tatars: From Soviet Genocide to Putin’s Conquest, de Brian Glyn Williams, hace un recuento de la historia de los tártaros, un pueblo que ha sido víctima de segregación y persecución en varios periodos históricos.

Francisco Daniel Trejos

Estudiante de la Maestría en Asuntos Internacionales. Asistente de investigación de FIGRI

@daniel2trejos | francisco.trejos@uexternado.edu.co


Para muchos de los que estudiamos las relaciones internacionales, la referencia a las naciones sin Estado es familiar. La Federación de Rusia, el país más grande del mundo en extensión, alberga alrededor de 80.

Una de ellas resalta por sobrevivir y persistir, a pesar de los intentos por desaparecerla: los tártaros de Crimea. Su historia es realmente inquietante y de admirar.

Luego de la lectura del libro The Crimean Tatars: From Soviet Genocide to Putin’s Conquest —de Brian Glyn Williams, quien es profesor de estudios islámicos de la Universidad de Massachusetts Dartmouth— llegué a la conclusión de que, desde el inicio de la conquista de la Península del mar Negro por parte de Ekaterina la Grande en 1783, esta nación ha sido objeto de distintos repertorios de violencia, discriminación y represión por parte del Imperio Ruso, la Unión Soviética, Ucrania y, ahora, la Rusia de Putin.

Su desgracia es tener como tierra natal un territorio con una ubicación geopolítica estratégica. Tal y como me lo recordó en diciembre de 2019 un taxista tártaro que me llevó del aeropuerto de Simferópol a mi hotel, “quien posea Crimea, posee el mar Negro”.

La pérdida de independencia y el inicio de la discriminación

Para el siglo XVIII, el Kanato de Crimea, Estado sucesor de la Horda Dorada, era un protectorado del Imperio Otomano. Luego de la Guerra ruso-turca de finales de siglo, el sur de la actual Ucrania, el Cáucaso y la península de Crimea fueron anexionados al Imperio Ruso, en ese momento gobernado por Ekaterina II, “la Grande”.

Desde ese momento, la vida de los habitantes de la península cambió debido a la llegada de los pomeshchiks, rusos a quienes se le otorgaba la administración de tierras estatales. Williams sostiene que, conforme con la ley islámica, los campesinos eran libres de cultivar terrenos baldíos. Igualmente, los kanes y la nobleza no podían convertirlos en siervos. Sus condiciones eran mejores que la de muchos en el resto del continente. Sin embargo, luego de 1783, las tierras fueron confiscadas, se exigió el pago de impuestos y se instauró el trabajo forzado.

A la precarización de sus condiciones de vida, se le suma un intento de reconquista por parte de los otomanos. Ello provocó la primera gran migración, motivada también por razones religiosas. El autor narra que, para la época, la división musulmana entre Dar al-Harb (tierra en guerra) y Dar al-Islam (tierra del Islam) incitaba a abandonar la primera e irse a la segunda. Es así como el Imperio Otomano, la Península de Anatolia, se convirtió en la tierra prometida. De una población estimada de 300.000, cerca de 100.000 crimeos abandonaron la península.

Tiempo después, en la Guerra de Crimea de mediados del siglo XIX, el ejército ruso y los cosacos señalaron a los tártaros de ser colaboradores del enemigo —traidores—. Fue el inició de una campaña de propaganda en contra de esta nación. El mismo zar Alejandro II estaba a favor de la emigración tártara, como modo de liberar el territorio de un pueblo de “indeseables”. Se calcula que otros 100.000 se marcharon.

Consolidación de la nación

Para finales del siglo XIX e inicios del XX, un impulso nacionalista fue promovido por jóvenes intelectuales, algunos provenientes de la diáspora.

Entre sus ideas, estaba la de que el oscurantismo de la élite musulmana estaba condenando al atraso a los tártaros. Se promovieron reformas a la educación, mayor libertad para las mujeres, se exigió una reforma de la tenencia de la tierra —unos 1.000 pomeshchiks poseían cerca de la mitad de los terrenos de la península— y el cese de la opresión.

Al final, el movimiento tomó tal fuerza que, durante las revoluciones y la guerra civil rusa (1917-1920), se instauraron instancias que hacía parecer la región un Estado independiente. Incluso fue proclamada una constitución de tinte liberal . Pero, para 1920, los bolcheviques conquistaron el territorio y la élite tártara fue acusada de apoyar al Ejército Blanco. Cerca de 60.000 “contrarrevolucionarios” fueron asesinados.

En 1920, el gobierno soviético proclamó la República Autónoma Soviética Socialista de Crimea. La política de discriminación positiva para pueblos originarios de las pequeñas y apartadas regiones de la Unión Soviética, conocida como korenización, patrocinó la identidad nacional de los tártaros. También les fueron dadas tierras para cultivo y puestos en la administración pública.

No obstante, claro está, este proceso se hizo a la soviética, es decir, sin contradecir a la revolución. La cultura y el idioma fueron promovidos con el fin de divulgar el socialismo. “Socialista en contenido, nacionalista en la forma”. De hecho, su alfabeto pasó del alifato al cirílico.

Sin embargo, los objetivos finales eran rusificar de manera progresiva y crear una sola masa proletaria. También se buscaba influenciar el retorno de aquellos que dejaron Crimea por la opresión zarista y, debido a los lazos con Turquía, una forma de difundir la revolución a Oriente Medio. Al final, como quiera que sea, este proceso fue el último impulso para la emergencia de una nación que echó raíces en la península del mar Negro

La época del terror

Todo este proceso se detuvo al tomar el mando Stalin. Él veía a la korenización en contravía de la creación del homo sovieticus.

Para la década de los 30, cesó el programa e inició sus purgas, que consistieron en la deportación de los supuestos opositores del gobierno. 40.000 crimeos fueron enviados a Siberia. A esto se suma la hambruna, producto de la baja producción tras la colectivización de la propiedad privada.

Ahora bien, la Segunda Guerra Mundial fue el comienzo del periodo más oscuro para este pueblo. Durante este periodo histórico, la Península de Crimea fue tomada por la Alemania Nazi. Como manera de sobrevivir, 20.000 crimeos entraron a las filas del ejército alemán. Tras la retoma del territorio por parte de los soviéticos, los tártaros fueron señalados de nuevo de traidores, a pesar de que cerca de 80.000 hicieron parte del Ejército Rojo.

En 1943, Stalin inició un proceso de limpieza étnica en contra de pobladores no eslavos de regiones limítrofes de la Unión Soviética. Se les acusó de colaboración masiva con el enemigo. Un poco menos de 200.000 tártaros de Crimea, la mayoría mujeres y niños, fueron enviados en trenes y deportados a la desértica Uzbekistán. Solo a 18.000 se les permitió quedarse. Fueron puestos en trabajos forzados en labores del campo, mineras e industriales.

Williams estima que 30% de ellos perecieron cinco años después de ser trasladados a Asia Central por las precarias condiciones en las que vivían: represión, condiciones climáticas, cansancio, pestes y enfermedades.

El retorno

A los tártaros de Crimea se les permitió regresar a sus tierras a finales de la década de los 80. Un decreto de 1956 los excluyó de la posibilidad que otras naciones sí tuvieron. Un movimiento pacífico y nacionalista inició una serie de maromas para comprobar la ilegalidad de la deportación, pero su tarea duró 30 años. Mientras tanto, la península de Crimea fue convertida en el lugar vacacional de la Unión Soviética, así como el lugar de retiro de militares y burócratas.

Desde que regresaron a su tierra natal de manera masiva a partir de 1989, los tártaros han sido sujetos de discriminación y violencia.

Por un lado, la década de los 90 estuvo marcada por la negativa de Ucrania de darle la ciudadanía a este pueblo, sin la cual el acceso a la propiedad, el trabajo y la participación política fue limitado.

Por el otro, la mafia ha atentado en varias ocasiones en contra de las sedes de organismos que congregan a los tártaros. Se les ha negado el acceso a vivienda en las costas y fértiles tierras del sur, donde ahora se erigen grandes complejos hoteleros y casas de descanso.

Desde 2014, luego de la anexión de la Península por parte de Rusia, los tártaros han sido hostigados; sus líderes, desaparecidos, asesinados y llevados a la cárcel sin juicio. Varias de sus organizaciones han sido declaradas ilegales y terroristas. Todo por no apoyar al nuevo gobierno.

En conclusión, parece que, ante cualquier conflicto, los tártaros han sido vistos como traidores, colaboradores del enemigo. La “solución” fue la expulsión y la rusificación del territorio.

La joya del mar Negro es un lugar estratégico para la seguridad de los diversos Estados que han ocupado parte del actual territorio de la Federación de Rusia.

La prosa de Williams describe un pueblo que, a pesar de las adversidades, quiere volver y hacer resurgir el esplendor del Kanato, retomar la autonomía de la época leninista y vivir como sus antepasados en su tierra natal.


2 Respuestas a “Los tártaros de Crimea: una nación resiliente”

  1. David González dice:

    Muy interesante , desconocía la historia de los tártaros en Crimea .

  2. neil breuil dice:

    No olvidemos tambien que los tartaros tambien llegaron en hordas invasoras desde las estepas mongolas y en los kanatos esclavizaron a muchos polacos, rusos y ucranianos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *