8 de mayo de 2020

Una nueva oportunidad para la Unión Europea

El profesor Miguel Martínez hace un balance de la Unión Europea con ocasión de su septuagésimo aniversario, el cual se cumple en medio de la crisis ocasionada por la COVID-19. ¿Ha estado la UE a la altura de este reto enorme? ¿Saldrá de él debilitada o, por el contrario, fortalecida?

Miguel Martínez

Doctor en RRII. Experto en Teoría de las RR.II. y Unión Europea.

Profesor e Investigador de la Escuela de Relaciones Internacionales – FIGRI

@miguelmg2006 | miguel.martinezg@uexternado.edu.co

Este año se cumple el septuagésimo aniversario de la Declaración Schuman, el principio de lo que se conoce hoy como Unión Europea. Si los padres fundadores de este original proyecto levantaran la cabeza, seguramente quedarían sorprendidos de los logros que se han obtenido a partir de una buena idea.

Sin embargo, el camino no ha sido fácil y los retos que ha debido superar el continente han sido numerosos y de muy diferente índole.

Desde la crisis de la década de los setenta, la admisión de los estados que habían vivido largas dictaduras y no eran competitivos con los que ya llevaban muchos años de bonanza económica, la caída del Muro de Berlín y la ampliación a una Europa que venía del comunismo, las guerras en propio territorio europeo, una crisis que hizo dudar de las capacidades de los estados para sostener el proceso, la salida inesperada de uno de los miembros más ricos e influyentes en el proceso y, ahora, un virus que, según Angela Merkel, es la mayor amenaza a la que se ha enfrentado el continente después de la II guerra mundial.

Todos estos hechos han provocado, en su mayoría que se produzcan avances en la integración europea. La crisis y la ampliación al sur produjo la creación de un mercado y una moneda únicos, además de unos fondos de cohesión que ayudarían a los estados a desarrollarse de manera más acelerada. La guerra de los Balcanes produjo que se creara una estructura militar en la Unión Europea para desarrollar una política de seguridad y defensa; la ampliación al este logró que no hubiera recaídas autoritarias en países que acababan de salir de regímenes no democráticos; la crisis económica fomentó la creación de herramientas comunitarias para que no se produjeran caídas como la de Grecia.

Frente a la COVID-19, ¿una respuesta unida?

Pero ahora nos encontramos ante algo desconocido y que está provocando muertes en la Unión Europea, y ningún mandatario quiere hacerse responsable de dichos muertos apelando a lo inesperado de la situación. Aún no sabemos cuál ha sido la solución más acertada; unos estados, la mayoría, eligieron el confinamiento y freno de la economía como solución. Otros, como Suecia, optaron por apelar a la responsabilidad ciudadana a partir de buena información y transparencia sin adoptar prácticamente medidas de confinamiento.

Sin embargo, el problema con el que se encuentra el proceso de integración y la solución europea conjunta es que, por una parte, los sistemas sanitarios son muy variados en los estados y la UE no tiene competencia alguna en sanidad.

Por otra parte, hay estados que han sido muy eficientes económicamente hablando y no tienen prácticamente deuda y además tienen superávit fiscal, es decir, tienen medios propios para superar esta crisis. Otros estados, por el contrario, ya están muy endeudados y deben acudir a más deuda para poder cumplir todo lo que han prometido a cambio de hacer parar la economía de sus países.

¿Y a quién acuden? A la UE. Esta se ha vuelto una solución muy recurrente por varios motivos. Algunos apelan a la solidaridad europea, como principio básico que ha logrado que tantos países con condiciones muy desiguales lleguen a formar un bloque tan compacto y exitoso en muchas áreas. Otros, o los mismos, lo utilizan como solución a su incapacidad de tener un estado con cuentas solventes, para más adelante decir que ellos lo intentaron pero que la UE no quiso colaborar, y así eludir la responsabilidad que puede hacer que sigan en el poder criticando las instituciones europeas.

También se ha aludido al hecho de que el virus llegó de fuera y que no se podía hacer nada frente a este hecho y, por esta razón, los demás estados deben ser solidarios con los que peor lo están pasando. Pero, si hubieran hecho bien su trabajo durante todos estos años y tuvieran cómo solucionar ellos mismos esta coyuntura, ¿serían solidarios con quienes no lo han sido?

¿La UE como recurso de emergencia?

Hay que dejar de pensar que la UE está hecha para defender los intereses de los estados miembro. Hay que dejar también de pensar en este proyecto sin prever que pueden surgir eventos que superan la capacidad de los estados y establecer mecanismos europeos que son mucho más eficientes que lo que han demostrado hasta ahora en las crisis los mecanismos nacionales. Pero, sobre todo, hay que dejar de pensar que la UE solo está para apagar incendios. Este proyecto va mucho más allá que todo eso y debe partir del compromiso de todos los actores para que funcione. Los líderes europeos actuales han demostrado no estar a la altura de aquellos que tuvieron esta magnífica idea.

Sin embargo, la UE ha superado con creces los desacuerdos de los estados miembro y ha logrado liderar (a través de la presidenta de la Comisión europea) un movimiento global que ya ha recaudado 8.000 millones de euros para la investigación y creación de una vacuna. También la UE ha facilitado que hubiera fronteras abiertas para la colaboración entre los sistemas sanitarios de diversos países. Ha fletado aviones para traer ciudadanos europeos que se habían quedado fuera de las fronteras en los momentos que ya se habían prohibido los vuelos a la UE. El Banco Central Europeo ha dejado claro que no va a dejar caer su moneda, lo que ha provocado que las bolsas no se desmoronen por completo y no se pierda la confianza.

Ese es el reto que se propusieron los padres de este proyecto cuando apelaron a los “esfuerzos equiparables a la amenaza”. Hoy en día no está en juego la paz del continente, pero sí el prestigio de un proyecto que, gracias a líderes que creyeron en él, lo han podido conducir a que cumpliera 70 años de grandes logros. Ojalá estos líderes aprovechen la oportunidad, no para seguir pidiendo, sino para que no haya que pedir y sea Europa la que pueda actuar ante retos que superan a todos los estados.


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