6 de febrero de 2020

Y al final… se fueron

Miguel Martínez, miembro de la Escuela de RR.II. de FIGRI, nos recuerda que la paz es la razón de fondo de la existencia de la Unión Europea y cuestiona que, en apariencia, el Reino Unido haya renunciado a un proceso de integración que no necesitaba.

Miguel Martínez

Doctor en RRII. Experto en Teoría de las RR.II. y Unión Europea.

Profesor e Investigador de la Escuela de Relaciones Internacionales – FIGRI

@miguelmg2006 | miguel.martinezg@uexternado.edu.co

El 31 de enero de 2020 se va a recordar como un día histórico para Europa. El Reino Unido, después de un referéndum y tres años de negociación, se ha desvinculado de manera definitiva del proceso de integración europeo.

Sir Nigel Sheinwald afirmó que “Europa siempre pareció una cuestión de elección, no de necesidad, para Reino Unido, a diferencia de la percepción francesa y alemana”. Cuando Sir Sheinwald se refiere a elección, no se sabe muy bien a qué se referirá: si a la doble petición de entrada (y doble negación por parte de los miembros europeos) de Reino Unido, si al impulso que le dio Margaret Thatcher al mercado único y la ampliación al Este en la década de los ochenta que desembocó en el Tratado de Maastricht, o al compromiso de los gobiernos británicos con el cumplimiento de las normas europeas (mucho mayor que el de, por ejemplo, Alemania).

La verdad es que no sabemos si nos vamos a dar cuenta a partir de ahora de si Reino Unido necesitaba a la Unión Europea o si la Unión, por el contrario, puede superar este primer tropiezo en su historia. Lo que es claro es que la Unión Europea se creó a partir de un objetivo claro, la paz en el continente europeo, y lo ha logrado con éxito hasta el momento. ¿Será que Reino Unido no necesita la paz y los mecanismos que hasta ahora se la han garantizado?

La UE no es algo que un estado necesite, es un proceso muy original que ha hecho de una región devastada por las guerras y por cuarenta años de dictaduras y muros, una de las zonas más ricas y prósperas del planeta. Esta afirmación es fácilmente comprobable, la pregunta que surge a continuación es si los estados europeos estarían hoy como están si el proceso de integración no se hubiera realizado. La respuesta a esta pregunta, para mí, es clara: ¡rotundamente no!

El proceso de integración ha proporcionado a los estados europeos la posibilidad de desarrollarse en todos los sectores de la economía. En la actualidad la UE es el mercado de servicios más importante a nivel global. Recordemos que la economía de Reino Unido se basa en los servicios y el principal cliente del 80% de ellos es el continente. En Europa hoy en día se puede mover cualquier ciudadano sin trabas, pudiendo tanto atravesar fronteras para el ocio, así como para realizar cualquier actividad económica. La UE tiene un espacio aéreo único que hace que la movilidad ciudadana resulte mucho más barata. La UE es el mercado único más grande del planeta (430 millones de habitantes sin el Reino Unido) y con uno de los PIB per cápita más alto (la media de la zona euro es de 33.830 €).

A esto y mucho más es a lo que han renunciado los británicos, a partir de un referéndum “condicionado”, y no vinculante, en el que participó el 72% de la población con derecho a voto y que resultó con la victoria del “leave” por menos de dos puntos porcentuales (el 37% de la población británica). ¿Son suficientes 10 millones de habitantes para tomar una decisión de esa envergadura y que afectará no solo a los 66 millones de británicos sino a los 400 millones de europeos?

Yo confieso que, aunque el referéndum salió con ese resultado y las negociaciones se llevaron a cabo, siempre fui un defensor de que los ingleses se lo iban a pensar mejor y no tolerarían que sus gobernantes les sacaran de donde pertenecen, es decir, Europa. Sin embargo, las elecciones de diciembre y el sistema electoral que funciona en Reino Unido provocaron que, aunque 16 millones de personas votaran a favor de partidos que proponían un segundo referéndum o quedarse en la UE, el partido conservador, liderado por Boris Johnson, con casi 14 millones de votos, (mas los de los unionistas irlandeses) consiguiera la mayoría absoluta en el Parlamento y aprobara la salida a principios de este año.

Es decir, el referéndum de 2016 le otorgó la victoria al “leave” por un millón de votos y tres años más tarde, un sistema electoral indirecto, que dio más votos a los partidos pro europeos, permitió que ese “leave” se materializara.

Ya no hay tiempo de lamentarse y ahora queda negociar la salida definitiva y las condiciones en las que quedarán como país tercero (solo tienen once meses para eso). Lo que se puede esperar es que la UE permanezca unida y sea consciente de que, si le va a poner fácil las cosas a Reino Unido, esta puede ser la primera de otras fugas del club europeo.

John Kerr, miembro de la Cámara de los Lores, y autor del artículo del Tratado que ha permitido que Reino Unido hoy esté fuera de la Unión, ha afirmado que la salida del Reino Unido ha sido un grave error pero que nada es irreversible y espera que sus hijos “vean al Reino Unido regresar al seno de la Unión Europea”, quizás, esta vez sí, por necesidad.


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