16 de enero de 2020

Ayatolas contra las cuerdas

El profesor Marcos Peckel, experto en Medio Oriente, analiza los retos coyunturales y estructurales que encara el gobierno iraní. Esta es la primera entrada de nuestra serie sobre Irán y la crisis en sus relaciones con Estados Unidos.

Marcos Peckel

Profesor Escuela de Relaciones Internacionales

@marcospeckel | marcos.peckel@uexternado.edu.co

La actual escalada entre Estados Unidos e Irán deja al régimen iraní sin su mas importante militar, Qassem Soleimani, dado de baja por Estados Unidos y sin el apoyo del pueblo que los Ayatolas trataron de movilizar tras la “noche de Bagdad” en que un dron segó la vida del general y su séquito.

Los estridentes llamados a la venganza proferidos por autoridades iraníes, incluido su embajador en Washington, terminaron en un inocuo ataque con misiles a dos bases americanas que no dejó víctimas. La doctrina de seguridad nacional de Irán se resume en la supervivencia del régimen islámico por lo que este no podía llevar a cabo una acción que provocara una enérgica reacción militar de Estados Unidos en territorio iraní. Irán no precisamente posee una gran capacidad militar para guerras convencionales por lo que mas que moderación como aducen algunos, los Ayatolas a sabiendas de lo que se exponían, calibraron cuidadosamente su reacción para “salvar algo de cara” sin ponerse en riesgo.

La “venganza por el mártir” podría ser asumida por los proxis de Irán especialmente el Hezbollah libanés o las al-Ḥashd ash-Shaʿbī -fuerzas populares de movilización- iraquíes, que entrenadas, armadas y financiadas por Soleimani, no necesariamente cumplen las ordenes de Teherán en lo referente a moderación. Estos proxis y otros como los Houties en Yemen han anunciado que la venganza aun no ha concluido y que el objetivo es la salida de los americanos del Medio Oriente. Estas organizaciones podrían atacar objetivos americanos o de sus aliados en la región y así demostrar su lealtad a Teherán.

A Irán le queda además jugar la carta del terrorismo contra “soft targets”, para completar su retaliación por la muerte de Soleimani. Así lo hizo en 1994 en Buenos Aires contra la sede central de la comunidad judía argentina como venganza por la muerte de Abbas al-Musawi líder de Hezbollah ocurrida por un ataque israelí dos años antes o como lo hizo el mismo Hezbollah en Burgas, Bulgaria emboscando a un grupo de sexagenarios turistas israelíes, vengando la muerte de su comandante militar Imad Mugniye asesinado en Damasco.

Para colmo de males devino la debacle del derribamiento del avión civil ucraniano en la que quedaron expuestas a la luz del sol las mentiras del régimen, que inicialmente adujo una “falla mecánica” hasta que fue insostenible ocultar la verdad ante lo contundente de las evidencias. La “simpatía” internacional e interna que pudo haber ganado el régimen tras la muerte de Soleimani, se esfumó con un solo misil. A Irán le tocará responder ante las autoridades aeronáuticas internacionales y compensar a las familias de las víctimas. El episodio del avión revivió las protestas en Teherán y otras ciudades esta vez contra “las mentiras y engaños” de un régimen que perdió lo que le quedaba de credibilidad.

El país esta sumido en una severa crisis económica y social debido a un modelo económico fracasado, a que su gobierno invierte los escasos recursos en el “aventurerismo exterior” que lideraba Soleimani y asfixiado por las sanciones americanas tras la retirada de Trump del acuerdo nuclear. Las protestas serán reprimidas violentamente, a bala si es necesario, por los Basij, la policía política de la Guardia Revolucionaria, como se ha hecho en el pasado, como se hizo a finales del año anterior cuando un numero indeterminado, por encima del millar de manifestantes, fueron acribillados en las calles.

Las últimas semanas del año estallaron protestas masivas en Iraq y Líbano, países cuyos gobiernos tienen línea directa con Teherán, en rechazo a la corrupción, el desempleo, las falencias en los servicios públicos y la injerencia iraní. El Iraq milicias shiitas aliadas de Irán, asesinaron a unos 500 manifestantes mientras que en Líbano, Hezbollah, testaferro de Irán ha amenazado con hacer lo propio. Y cómo si comenzando en 2020 las tribulaciones de los Ayatolas gobernantes no fueran suficientes, la única medallista olímpica iraní Kimia Alizadeh, desertó acusando a las autoridades de su país de mantener un régimen opresivo contra la mujer. “ soy una de las millones de mujeres oprimidas en Irán” escribió en su cuenta de Instagram.

Una historia trágica de una gran civilización mantenida a raya por un régimen teocrático que reprime todas las libertades a las que tienen derecho los seres humanos. Dura prueba enfrenta la República Islámica 40 años después de la revolución.

Foto de Felipe Medina Gutiérrez: Exhibición sobre la guerra entre Irán e Iraq (1980-1988) en el Museo de la Revolución Islámica y de la Defensa Sagrada, Teherán

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