5 de julio de 2021

Democracia, derechos humanos y elecciones en Nicaragua

De cara a las elecciones presidenciales y legislativas del 7 de noviembre de este año, el gobierno de Daniel Ortega intensifica su persecución a la oposición política y a los medios de comunicación.


Hace casi exactamente 42 años, el 20 de julio de 1979, la revolución Sandinista triunfaba en Nicaragua, derrotando al dictador Anastasio Somoza.

Un poco más de cuatro decenios después, la historia pareciera mostrar dolorosamente que, para instaurar una democracia real, hace falta mucho más que una revolución exitosa.

Daniel Ortega, quien es uno de los miembros fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional, ha gobernado ese país centroamericano en tres oportunidades. La primera, como Coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de Nicaragua entre 1981 y 1984; la segunda como presidente, entre 1985 y 1990; y la tercera, nuevamente como presidente desde 2007 hasta la actualidad.

A juzgar por sus acciones de los últimos años, Ortega cree que todo este tiempo en el poder no ha sido suficientes para consolidar su proyecto político. Desde hace tres años, su gobierno ha venido reprimiendo cualquier movimiento, partido, medio de comunicación o figura pública que pueda significar un desafío democrático al control que tiene en su país.

La primera represión masiva ocurrió en abril de 2018, cuando un grupo de pensionados inició una serie de protestas públicas por la modificación al sistema de seguridad social que estaba impulsando el gobierno de Ortega. Desde el inicio de las protestas, los pensionados fueron apoyados por los estudiantes de varias universidades del país.

Si bien la reforma a la seguridad social fue la causa inmediata de las protestas, en el fondo se trataba de una movilización en pro de una apertura democrática de la política nicaragüense.

La respuesta del gobierno de Ortega fue brutal: se estima que hubo más de 300 personas muertas a causa de las acciones de la policía y de agrupaciones paramilitares apoyadas por el Gobierno.

A partir de ese año la persecución política y la represión se han convertido en los recursos ordinarios con los que el Gobierno nicaragüense enfrenta la oposición. De hecho, durante este año, en el que se celebrarán las elecciones presidenciales y de diputados a la Asamblea Nacional de Nicaragua —el órgano legislativo del país—, el gobierno ha venido encarcelando a las figuras más prominentes de los partidos de oposición y de la prensa crítica del gobierno.

Esta es una estrategia desvergonzada para eliminar cualquier contendiente que pueda tener una oportunidad real de ganar las elecciones.

Para analizar la situación de los derechos humanos y de la democracia en Nicaragua, así como para estimar el efecto que pueden tener las acciones de algunos actores internacionales en la apertura política y la realización de unas elecciones libres en ese país, nos acompañan:

  • Carlos Salgar, académico de relaciones internacionales y diplomacia, quien fue embajador de Colombia en Managua entre 2015 y 2020.
  • Mónica Fonseca, quien ha sido directora de derechos humanos de la Cancillería, asesora del Viceministerio de Asuntos Multilaterales, ministra consejera en la embajada colombiana en Roma y Consultora de Naciones Unidas en materia de derechos humanos.
  • Desde Managua, Maynor Salazar, periodista de investigación en Divergentes.

Este es el primero de una serie de 4 episodios que dedicamos a los derechos humanos y la democracia en América Latina.

Coordenadas mundiales está disponible en:


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