21 de mayo de 2020

El derrumbamiento progresivo del sistema multilateral

María Teresa Aya señala el debilitamiento del multilateralismo como principio rector de las relaciones internacionales y alerta sobre las consecuencias que eso puede tener para el mundo, especialmente en la lucha contra la COVID-19.

María Teresa Aya Smitmans

Coordinadora de la Maestría en Asuntos Internacionales

Profesora e investigadora de la Escuela de Relaciones Internacionales de FIGRI

@ayateresa | maria.aya@uexternado.edu.co

El retiro del apoyo económico por parte de Trump a la Organización Mundial de la Salud —OMS— no es una sorpresa, dada su postura sobre el multilateralismo; pero sí es un golpe bajo para aquellos que, desde una visión idealista del sistema internacional, creen que la unión hace la fuerza en el momento de enfrentar los problemas.

EE. UU. y el multilateralismo

Desde el Discurso de Despedida de Washington en 1796 hasta la derrota de la Liga de las Naciones en 1919, el aislacionismo fue el prisma a través del cual Estados Unidos observó el mundo. Sin embargo, al finalizar la segunda guerra mundial, Roosevelt se convirtió en uno de los arquitectos más importantes del organismo que sentaría las reglas de juego del sistema internacional en la segunda mitad del siglo XX: la Organización de las Naciones Unidas —ONU.

Setenta años más tarde, Estados Unidos vuelve a ser uno de los actores clave en el juego multilateral, esta vez, en su derrumbamiento progresivo. El retiro de Washington del Acuerdo de París, del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por su nombre en inglés), los bloqueos por parte de Washington para los nombramientos en la Organización Mundial del Comercio, la disminución de las contribuciones a la ONU y ahora la suspensión de los aportes a la OMS son hechos que reflejan que, para Trump, el sistema multilateral es un espacio que disminuye a Estados Unidos, le quita brillo y lo hace responsable de hechos que no controla. Es también el reflejo de una crisis global frente a los temas multilaterales.

La crisis global

Es importante notar que Trump no generó esta crisis, si bien sí la agravó. Las Naciones Unidas entraron en crisis después de que fracasaran en Libia luego de su intervención en 2011. En Siria, la falta de acción por parte de la ONU y, en el caso de las agencias adscritas al sistema tales como ACNUR y la oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos, la falta de resultados constituyeron heridas graves al sistema. El retiro de Sudáfrica y Rusia de la jurisdicción de la Corte Penal, los obstáculos para la aprobación del Tratado de no proliferación nuclear, los problemas de cumplimiento frente al Acuerdo de París, los desafíos del cambio climático y el Brexit son retos adicionales para un multilateralismo envejecido; retos que, sumados a las críticas de Trump, ponen en evidencia una falta de legitimidad de las instituciones internacionales.

La pandemia

A este escenario se suma la pandemia del coronavirus. Esta ha generado miedo y, con el miedo como aliciente de la política, el mundo se ha refugiado en los nacionalismos y en el proteccionismo; con ello, lo multilateral ha sufrido una nueva herida. Los países quieren garantías para la supervivencia y salud de sus habitantes y exigen mantener al enemigo afuera. Se trata ahora de un enemigo que no necesita de pasaporte o visa para cruzar las fronteras. Así las cosas, el multilateralismo pasa a un último plano en las opciones que toman en cuenta quienes toman decisiones. Más cuando este está otra vez bajo la lupa internacional por no actuar a tiempo, como es el caso de la OMS. Aquí volvemos al retiro del apoyo económico por parte de Estados Unidos a esa organización.

La OMS necesita los aportes del gobierno de Trump para ayudar en la batalla contra el coronavirus. Más aún, la OMS, que nace precisamente del esfuerzo internacional por controlar la propagación de enfermedades infecciosas más allá de las fronteras internacionales, necesita los recursos para ayudar no solo con el coronavirus y no solo en los países que la financian. La malaria, el ébola, el VIH y el cáncer también son parte de su abanico de acción. La creación de la OMS obedece al ideal de un mundo donde la colaboración se hace necesaria para combatir las enfermedades que amenazan al ser humano.

Es esta idea de colaboración, una que trasciende el tema sanitario, la que se ve amenazada por el miedo y los nacionalismos, en un momento en que ya está muy debilitada. Así, en un escenario de post-pandemia, cabe preguntarse cómo se redefinirá el multilateralismo en un mundo marcado por el egoísmo estatal.


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