11 de abril de 2025

Panorama migratorio: ¿barreras, exclusiones y oportunidades?

Según la Organización Internacional para las Migraciones, en 2020 había 281 millones de migrantes en el mundo, equivalentes al 3,6% de la población total del planeta.

La migración hace parte de nuestra humanidad. De hecho, si no fuera por nuestra habilidad para buscar entornos nuevos y adaptarnos a ellos, tal vez nuestra especie no hubiera salido nunca de África, nuestro continente original, y posiblemente se hubiera extinguido debido a alguna epidemia o un cataclismo. 

Desde que hace 100.000 años los homos sapiens decidimos migrar hacia Eurasia, nos hemos extendido por el planeta entero y, para bien o para mal, nos hemos convertido en su especie dominante. 

La migración, como cualquier actividad humana, tiene efectos significativos, tanto en los países expulsores como en los receptores de las personas que, voluntaria o forzadamente, dejan su lugar de origen y buscan hacer su vida lejos de él. 

Según la Comisión Económica para América Latina (Cepal), nuestra región ha perdido un 3.8% de su población económicamente activa. Las remesas que envían los migrantes a sus lugares de origen se ha convertido, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en una fuente de divisas tan importante que puede llegar a ser un 20% del producto interno bruto (PIB) de algunos países de América Latina y el Caribe. 

Para los países receptores, la migración genera presiones sobre sus sistemas de servicios públicos, especialmente en la salud y la educación. Al mismo tiempo, los migrantes se convierten para las economías de estos países en un factor de redinamización demográfica y una fuente muy valiosa de mano de obra en sectores que, sin ella, tendrían problemas serios para conseguir trabajadores, como la salud, la agricultura y la construcción 

A pesar de que, como lo analizaremos en este episodio, sus beneficios superan holgadamente los costos que genera, la migración se ha encontrado en los últimos años con una resistencia que se nutre del racismo, la xenofobia y, más recientemente, la aporofobia.  

Como era de esperarse, el rechazo injustificado a la migración no ha pasado desapercibido para muchos políticos, quienes lo han aprovechado de manera oportunista e irresponsable. En los países receptores, se ha convertido en una de las banderas de los partidos de derecha, y, en los expulsores, de la izquierda. 

Los efectos de este rechazo se han materializado en políticas que restringen la migración, criminalizan la que se realiza de manera irregular y dificultan la consecución de mano de obra. 

En los últimos años, la restricción a la migración en los países tradicionalmente de destino ha obligado a los países de tránsito a restringir ellos mismos el paso de migrantes, con consecuencias problemáticas. 


Para tener un panorama actual claro de la migración en América Latina y el Caribe, entender las tendencias y los cambios que este fenómeno ha experimentado en los últimos años y analizar las consecuencias que pueden producir las políticas actuales del gobierno de Estados Unidos, nos acompañan: desde Barranquilla, Shirley Llaín, de la Universidad del Norte; y desde Bogotá, María Clara Robayo, de la Universidad del Rosario, Lina Arroyave, de Dejusticia , y César González, de Plan País. 

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