25 de junio de 2021

Las apuestas políticas del presidente Biden en su visita a Europa

¿Logrará el presidente Biden que Estados Unidos 🇺🇸 regrese exitosamente a la política multilateral con un relanzamiento de su relación con la Unión Europea 🇪🇺 para enfrentar a China 🇨🇳?

Manuel Alejandro Rayran Cortés

Docente de relaciones internacionales de FIGRI – Magister en Ciencias Políticas orientadas a las relaciones internacionales con especialidad en Diplomacia y Resolución de Conflictos de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica.

@ManuelRayranC | manuel.rayran@uexternado.edu.co


Después de 150 días en el cargo, el presidente estadounidense Joseph Biden realizó su primer viaje internacional para reunirse con sus homólogos europeos. En esta visita oficial, el residente de la Casa Blanca adelantó con éxito los encuentros con los miembros del G-7, de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y de la Unión Europea (UE).

En las tres cumbres diplomáticas, el mandatario estadounidense tenía como objetivo demostrar que Washington había regresado con fuerza al ajedrez internacional y que debe ser tenido en cuenta para dirigir los asuntos de la vida internacional. Sin embargo, y a pesar de las abundantes promesas y de los discursos grandilocuentes, sus socios europeos saben que se requiere de tiempo para reconstruir sus relaciones y crear la confianza de que Estados Unidos no solo regresó, sino que llegó para quedarse para afrontar los riesgos globales y plantar cara a la metamorfosis por la que atraviesa el mundo.

La agenda política global con la que el presidente Biden le apuesta a reconstruir la alianza con sus socios europeos giró alrededor de las tres C: covid-19, cambio climático y China. En cuanto a las dos primeras, existe una cooperación y una visión clara para abordar estos dos problemas globales, que son de suma importancia para las dinámicas internacionales. El reto ahora es que los abundantes y pomposos anuncios puedan detallarse lo más rápido posible y materializarse de manera efectiva en bienes públicos durante el periodo presidencial de Biden. Ahora, si bien es cierto que en temas relacionados con la covid-19 y el cambio climático comparten visiones y estrategias, existen dos temas que aún crean inquietudes en las relaciones entre Washington y Bruselas, a saber: China y el desarrollo tecnológico.

China: un rival para la hegemonía estadounidense, pero comercialmente ineludible

Durante las reuniones diplomáticas, el presidente Biden ha sentenciado con severidad que Estados Unidos y Europa son los que deben establecer las reglas del siglo XXI en materia de comercio y tecnología. No obstante, lograr ese objetivo obligará a Washington a crear iniciativas más acertadas y rápidas para reducir la ventaja que China le ha tomado a Estados Unidos, producto de las decisiones aislacionistas que la administración Trump tomó en su momento.

En la actualidad, Estados Unidos se encuentra al margen de los dos acuerdos comerciales más importantes de Asia-Pacífico firmados en los últimos años. El primero es la Asociación Económica Integral Regional —firmado en diciembre de 2020— y el segundo es el Acuerdo Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico —suscrito por once países en 2018, luego de que Trump retirara su país—. Ahora, mientras que Washington se mantuvo separado de estas dos nuevas estructuras comerciales de la región, la Unión Europea y Reino Unido han avanzado allí en acuerdos de libre comercio.

Este acercamiento entre la Unión Europea y China se convierte en un reto para Estados Unidos, pues Washington sabe que, si desea mantener su estructura hegemónica, requerirá ahora más que nunca de sus históricos aliados europeos, los cuales han sido tentados, desde hace siete años, por las inversiones del gigante asiático, que serían favorables para el crecimiento económico de Europa. A pesar de que el “Amplio Acuerdo sobre Inversiones” entre Bruselas y Pekín está congelado en la actualidad, la Casa Blanca sabe que la UE y China harán todo lo necesario para llegar a un pacto que termine beneficiándolos. En ese sentido, Biden está obligado a establecer una estrategia que apunte a incorporar su país a los acuerdos comerciales de la región y a crear cadenas de suministros entre Estados Unidos y la UE, más independientes de China.

De igual manera, y ante ese desacoplamiento sufrido entre Estados Unidos y la UE durante los últimos cuatro años, el presidente Biden sabe que debe ajustarse a la visión que tiene la UE sobre China, la cual gira alrededor de tres pilares: 1) como socio en la política climática y en la comercial, 2) como competidor en el mercado de la tecnología informática y 3) como rival en el sistema político y el cumplimiento de los derechos humanos. Sumado a lo anterior, la actual administración estadounidense hará hincapié en la división que existe en el seno de la UE entre Alemania y los otros países europeos para que este pacto de inversión con Pekín no llegue a buen término.

Con base en lo anterior, la primera muestra de interés para revitalizar las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea para enfrentar a China fue congelar la disputa comercial que estaba desde 2004 en la Organización Mundial del Comercio por las acusaciones mutuas de ayudar a sus empresas Boeing y Airbus, respectivamente.

La tecnología: un juego de todos contra todos

El segundo tema que genera cierto distanciamiento entre Washington y Bruselas, y de estos dos actores con Pekín, es la tecnología informática. Desde hace seis años, Francia ha sido uno de los países que más ha presionado para que las empresas estadounidenses de este sector paguen impuestos por los beneficios que logran con los datos de sus ciudadanos; a lo que Estados Unidos se ha rehusado.

Sin embargo, como consecuencia del conflicto de los semiconductores entre Estados Unidos y China, y la competencia feroz por los avances tecnológicos, Bruselas y Washington han decido tratar de reducir sus diferencias para así poder afrontar el avance tecnológico chino en el futuro. En ese sentido, como resultado de estas reuniones diplomáticas se creó el Consejo de Comercio y Tecnología, que tendrá como función coordinar los enfoques sobre cuestiones comerciales, económicas y tecnológicas claves a para la relación trasatlántica.

En conclusión, Biden cumplió su propósito de enviar el mensaje de que Estados Unidos regresó al escenario internacional, y los países europeos se sintieron aliviados de no tener que aguantar la teatralidad y grosería de Trump. Es claro que Washington enfila sus estrategias para reducir la ventaja que China ha obtenido durante los últimos años y hará todo lo necesario para evitar que la estructura hegemonía estadounidense se caiga. No obstante, y a pesar de que es clara la meta de la Casa Blanca, lo cierto es que no será fácil, pues Estados Unidos afronta una fuerte división política en su interior y China es cada vez más indispensable en los diferentes asuntos de la vida internacional.


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